España ha protagonizado, durante el primer cuarto del siglo XXI, una de las mayores transformaciones de su capital humano: ha reducido drásticamente el abandono escolar, ha duplicado su población con estudios superiores y ha situado a las mujeres a la cabeza del avance educativo. Sin embargo, ese extraordinario esfuerzo formativo no se ha traducido en una mejora equivalente de la productividad. El estudio de la Fundación Afi Emilio Ontiveros explica por qué: España no tiene ya un problema de escasez de capital humano, sino de aprovechamiento del que ya posee, y examina cómo la inteligencia artificial puede convertirse en la palanca que finalmente permita cerrar esa brecha.

 

 

Este resumen ejecutivo recoge los nueve hallazgos más relevantes del estudio, acompañados de los gráficos que mejor los ilustran.

1. El vuelco educativo español: una población con cada vez más titulación

En apenas dos décadas y media, España ha protagonizado una de las transformaciones educativas más profundas de toda la Unión Europea. En 2002, casi uno de cada tres jóvenes de entre 18 y 24 años abandonaba el sistema educativo sin completar la secundaria; hoy esa cifra se sitúa en el 12,8%, mínimo histórico, tras haber caído más de 18 puntos porcentuales.

Los datos hablan por sí solos, pero cuentan sobre todo una historia de generaciones: la de una economía que ha sustituido a marchas forzadas cohortes con baja formación por otras cada vez más preparadas. El progreso, sin embargo, convive con matices que conviene no perder de vista. Pese a la drástica reducción del abandono escolar, España continúa entre los países con mayor incidencia de Europa (solo por detrás de Rumanía y Alemania) y todavía se sitúa por encima de la media comunitaria (9,1%) y lejos del nuevo objetivo del 9% fijado para 2030. El caso alemán, además, sirve de recordatorio incómodo: incluso los sistemas educativos más sólidos pueden retroceder si no se adaptan a los cambios del mercado de trabajo.

2. Ellas tiran del carro: el ascenso educativo femenino

Si hay un protagonista silencioso en la revolución educativa española, ese es el colectivo femenino. Entre el primer trimestre de 2002 y el mismo periodo de 2026, el número de mujeres con estudios superiores ha crecido un 135%, pasando de poco más de tres millones a superar los 7,7 millones. El avance masculino, con ser notable (+103%, hasta 6,8 millones), se queda claramente por detrás.

El resultado es una inversión histórica: las mujeres constituyen hoy el colectivo más numeroso entre la población con educación superior en España, algo impensable a comienzos de siglo. El cambio no se limita a la cúspide formativa: el número de mujeres con niveles educativos bajos se ha reducido en más de dos terceras partes, una caída incluso más intensa que la registrada entre los hombres.

3. El enigma español: paro alto y vacantes sin cubrir a la vez

Uno de los diagnósticos más reveladores del mercado laboral español surge de un fenómeno aparentemente contradictorio: la persistencia simultánea de un desempleo elevado y de vacantes que las empresas no consiguen cubrir. La curva de Beveridge, que relaciona la tasa de paro con la tasa de vacantes, permite visualizar esta paradoja con claridad.

En condiciones normales, ambas variables se mueven en sentido contrario: cuando la actividad repunta, aumentan las vacantes y baja el paro. Sin embargo, la posición reciente de España en esta curva se ha desplazado hacia niveles de vacantes más altos sin que el desempleo caiga en la misma proporción, una señal inequívoca de pérdida de eficiencia en el emparejamiento entre quienes buscan empleo y quienes lo ofrecen. La conclusión es tan sencilla como incómoda: España combina un desempleo todavía elevado con dificultades para cubrir determinadas vacantes. Esta aparente paradoja refleja no tanto una escasez general de trabajadores como un desajuste entre las características de la oferta y la demanda de trabajo. Mejorar esa correspondencia entre las competencias que ofrece el mercado laboral y las que demandan realmente las empresas es una condición necesaria para reducir de forma duradera tanto el desempleo como las vacantes persistentes.

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4. Uno de cada dos empleos, mal encajado

La expansión educativa española ha tenido una consecuencia inesperada: una parte muy significativa del empleo no encaja con la formación de quien lo desempeña. Los datos de la EPA para 2025 muestran que solo el 51,4% de los ocupados trabaja en un puesto acorde a su nivel educativo. El resto se reparte entre dos fenómenos de signo opuesto: la sobrecualificación, que afecta al 37,6% de los ocupados (trabajadores con más formación de la que exige su puesto), y la infracualificación, que alcanza al 10,9% restante (trabajadores cuyo puesto exige más de lo que acreditan).

La sobrecualificación es, con diferencia, el fenómeno dominante, y su principal foco se concentra entre los universitarios que terminan desempeñando ocupaciones de cualificación media, un colectivo que por sí solo representa el 16,5% del total de ocupados. Muy cerca se sitúan los trabajadores con estudios medios en ocupaciones básicas (13,4%). Lejos de corregirse, ambos grupos siguen creciendo: un 3,3% y un 4,5% interanual, respectivamente.

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5. El título no es la habilidad: la brecha que nadie ve

Detrás del notable avance en titulaciones se esconde una realidad incómoda que este estudio pone de manifiesto con datos. Utilizando la encuesta PIAAC de la OCDE (que mide mediante pruebas directas, no autoevaluaciones, la comprensión lectora, la capacidad matemática y la resolución de problemas), el estudio constata que los ocupados españoles puntúan sistemáticamente por debajo de la media de países europeos comparables en las tres competencias, con una diferencia de entre 11 y 15 puntos, equivalente a más de una cuarta parte de un nivel completo de la escala OCDE.

Lo más llamativo no es la existencia de la brecha, sino su distribución por grupos de edad. Cabría esperar que el rezago proviniera de las generaciones de más edad, formadas en un sistema educativo con menos recursos. Ocurre justo lo contrario: la distancia con Europa es mayor entre los jóvenes de 25 a 34 años (22 puntos en capacidad matemática) que entre los mayores de 55 (apenas 8 puntos). El motivo es estructural, mientras en el resto de Europa cada nueva generación llega al mercado laboral con un salto de casi 30 puntos respecto a la anterior, en España ese salto apenas alcanza la mitad. El mecanismo que en Europa renueva el capital humano funciona en España a medio gas, lo que anticipa que la brecha podría perpetuarse con el simple relevo generacional.

6. Las habilidades blandas: la baza que España no debe desperdiciar

Frente al diagnóstico más pesimista en competencias cognitivas, el estudio identifica una noticia inusualmente positiva para España en las habilidades socioemocionales. España no parte por detrás de Europa, de hecho, en los datos de PIAAC sobre los cinco grandes rasgos de personalidad (responsabilidad, estabilidad emocional, extraversión, amabilidad y apertura) España muestra puntuaciones muy similares a las de países europeos comparables, con diferencias mínimas y sin un patrón claro de rezago.

Además, a diferencia de las competencias cognitivas (que se fraguan sobre todo en la infancia), las habilidades socioemocionales pueden desarrollarse a lo largo de toda la vida laboral. El reto para España, por tanto, no es cerrar una brecha, sino no desaprovechar una de las pocas dimensiones del capital humano en las que parte en igualdad de condiciones.

7. La IA ya llama a la puerta de la mitad del empleo español

La irrupción de la inteligencia artificial no es, para la economía española, un fenómeno lejano ni circunscrito a un puñado de profesiones tecnológicas. Según las estimaciones del estudio, basadas en la metodología de Felten et al. (2019) aplicada a la Clasificación Nacional de Ocupaciones, en 2024 alrededor de 11,2 millones de trabajadores (prácticamente la mitad del empleo total) desempeñan ocupaciones cuyas tareas presentan una exposición superior a la media a la inteligencia artificial.

Los datos disponibles no muestran, por el momento, un proceso generalizado de destrucción de empleo asociado a la IA; tanto las ocupaciones más como las menos expuestas continúan creciendo respecto a niveles prepandemia. Lo que sí revela este mapa es dónde se concentrarán, en los próximos años, las mayores oportunidades de ganancia de productividad, y también dónde será más urgente adaptar las competencias de la fuerza laboral.

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8. España sabe usar la IA, pero no la crea

Si hay una imagen que resume la posición española frente a la revolución de la inteligencia artificial, es la de un país bien situado para adoptar la tecnología, pero prácticamente ausente de su desarrollo. El estudio compara a España con Estados Unidos, China y el resto de la eurozona en una decena de dimensiones clave (desde la existencia de modelos fundacionales propios hasta la inversión en I+D) y el contraste es contundente: España no dispone de modelos fundacionales propios, su inversión en I+D apenas alcanza el 1,4% del PIB (frente al 3,5% estadounidense) y su participación en la inversión privada mundial en IA es inferior al 1%, frente al 48% que concentra Estados Unidos.

El problema inversor español no es de volumen agregado, comparable al de otras economías europeas, sino de composición: persiste un retraso relativo en infraestructuras energéticas y digitales (el propio Banco de Pagos Internacionales señala la capacidad eléctrica como uno de los principales cuellos de botella para la difusión de la IA), en activos intangibles y, muy especialmente, en capital organizativo, es decir, en la capacidad de las empresas para rediseñar procesos y adaptar su estructura interna a la nueva tecnología

Comparativa de la posición de España, Estados Unidos, China y la zona euro ante la inteligencia artificial

9. Hasta 4 décimas más de crecimiento potencial gracias a la IA

Tras dos décadas de ganancias de productividad reducidas y claramente insuficientes para converger con las principales economías europeas, el estudio sitúa a la inteligencia artificial como la mayor oportunidad de transformación de esta trayectoria desde la generalización de internet. Trasladar esas ganancias microeconómicas al conjunto de la economía es, sin embargo, un proceso mucho más lento y desigual.

. El mensaje final del estudio es, en este sentido, tan esperanzador como exigente: España cuenta con una oportunidad extraordinaria para revertir dos décadas de productividad insuficiente, pero capturarla dependerá enteramente de la rapidez con la que empresas y trabajadores sean capaces de adaptarse.