Hasta 4 décimas más de crecimiento potencial gracias a la IA
Tras dos décadas de ganancias de productividad reducidas y claramente insuficientes para converger con las principales economías europeas, el estudio sitúa a la inteligencia artificial como la mayor oportunidad de transformación de esta trayectoria desde la generalización de internet. Los trabajos internacionales más recientes estiman ganancias potenciales de productividad empresarial de entre el 2% y el 3% anual en aquellas compañías capaces de incorporar la IA de forma efectiva a sus procesos, magnitudes comparables a las registradas durante otras grandes revoluciones tecnológicas, como la electrificación.
Trasladar esas ganancias microeconómicas al conjunto de la economía es, sin embargo, un proceso mucho más lento y desigual. Las simulaciones elaboradas para España muestran que, en el escenario base, el crecimiento potencial podría situarse en torno al 1,6% anual, una cifra que en los escenarios de mayor intensidad de adopción tecnológica podría aproximarse al 2%. La diferencia, de apenas unas décimas en términos anuales, se traduce en un efecto acumulado muy significativo sobre el nivel de actividad a largo plazo.
El propio ejercicio de descomposición del crecimiento potencial ilustra por qué esta ganancia de productividad resulta tan necesaria. Si entre 2000 y 2008 el empleo, el capital y la productividad total de los factores (PTF) impulsaban conjuntamente un crecimiento potencial del 2,7% anual, las proyecciones para el periodo 2031-2050 apuntan a una contribución agregada de apenas el 0,7%, penalizada sobre todo por la creciente aportación negativa del factor trabajo derivada del envejecimiento demográfico. En este contexto, la productividad (y, dentro de ella, la IA) pasa a ser, casi por descarte, el principal motor disponible para sostener el crecimiento futuro.
El estudio insiste, no obstante, en que estos beneficios no se materializarán de forma automática ni inmediata. La evidencia histórica sobre tecnologías de propósito general muestra una trayectoria en forma de curva en J: en las primeras fases de adopción, las empresas destinan recursos a reorganizar procesos y formar a sus trabajadores sin obtener todavía retornos visibles, lo que explica por qué las notables mejoras de productividad observadas en tareas concretas (programación, redacción, atención al cliente) apenas se reflejan aún en las estadísticas agregadas. Solo cuando se completa esa fase de reorganización, que la evidencia internacional sitúa en varios años, comienzan a materializarse las ganancias de eficiencia a gran escala. El mensaje final del estudio es, en este sentido, tan esperanzador como exigente: España cuenta con una oportunidad extraordinaria para revertir dos décadas de productividad insuficiente, pero capturarla dependerá enteramente de la rapidez con la que empresas y trabajadores sean capaces de adaptarse.