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Ellas tiran del carro: el ascenso educativo femenino

Si hay un protagonista silencioso en la revolución educativa española, ese es el colectivo femenino. Entre el primer trimestre de 2002 y el mismo periodo de 2026, el número de mujeres con estudios superiores ha crecido un 135%, pasando de poco más de tres millones a superar los 7,7 millones. El avance masculino, con ser notable (+103%, hasta 6,8 millones), se queda claramente por detrás.

 

El resultado es una inversión histórica: las mujeres constituyen hoy el colectivo más numeroso entre la población con educación superior en España, algo impensable a comienzos de siglo. El cambio no se limita a la cúspide formativa: el número de mujeres con niveles educativos bajos se ha reducido en más de dos terceras partes, una caída incluso más intensa que la registrada entre los hombres.

Esta dinámica no es exclusivamente española. La comparación europea confirma que el impulso educativo femenino es un fenómeno compartido en la práctica totalidad de la Unión: en todos los países, las mujeres presentan hoy una mayor presencia relativa en la educación superior y han reducido con más intensidad los niveles educativos bajos, erigiéndose como el principal motor del avance del capital humano continental.

 

Para España, el dato tiene una lectura estratégica. En un contexto de envejecimiento demográfico y de necesidad creciente de mano de obra cualificada, la incorporación masiva de mujeres altamente formadas al mercado laboral constituye uno de los activos más valiosos (y menos citados) de la economía española. El reto pendiente es asegurar que ese capital humano encuentre ocupaciones a la altura de su formación, evitando que el esfuerzo educativo femenino se diluya en la infrautilización o la sobrecualificación.